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Club de lectura. Balance 2017

Es tiempo de balance anual y no voy a ser yo quien cuestione esta costumbre. Más que nada, porque, revisando estas crónicas de andar por casa de nuestro Club de Lectura, he descubierto que el atraso que llevaba superaba en varios meses lo que yo creía.

Yendo al balance. En lo cualitativo, como siempre, lo mejor ha sido mantener los encuentros y poder compartir las alegrías y las decepciones que nos han proporcionado las lecturas. En lo cuantitativo los datos nos cuentan que hemos leído 1 obra de teatro, 1 novela gráfica, 1 un libro de relatos, 2 ensayos y 5 novelas, que han escrito 6 hombres y 4 mujeres. O sea, que estamos en porcentajes de presencia equilibrada pero no estaría mal que les diéramos un empujón a las autoras. Bueno, mejor sin empujar, démosles más espacio que se lo merecen.

Arrancamos el año con ganas, tantas que hasta tiene su reseña, leyendo La España vacía de Sergio del Molino, en el que con inteligencia y oportunidad pone nombre a una realidad que nos interpela directamente, que nos habla de nuestros paisajes, geográficos, culturales y emocionales, y nos recuerda que esa gran extensión de terreno olvidada nos ha conformado como país y sigue haciéndolo. Por el contrario, el otro ensayo, Estudios del malestar de José Luis Pardo, Premio Anagrama de Ensayo, resultó…un desastre. No encuentro una forma más benévola de calificarlo. Las opiniones oscilaban entre “no me ha gustado nada” o “incapaz de pasar de las primeras páginas, enredada entre Marx y Hegel” y “poco sistemático, frívolo y deshonesto”, dicho por nuestro filósofo de cabecera.

El frío de febrero lo combatimos con teatro, con la risa y el absurdo de Darío Fo en Muerte accidental de una anarquista, a través de la cual hicimos una disección de la actualidad: “Al ciudadano de a pie no le interesa que la mierda desaparezca, le basta con que se denuncie, estalle el escándalo y se pueda comentar. Para él esa es la verdadera libertad y el mejor de los mundos. Quién diría que esto se escribió en 1970. (Leer más)

En junio, con el verano llamando a la puerta, leímos La casa, novela gráfica de Paco Roca, que nos hablaba también de esos veranos que se pasaban en la casa del pueblo o en esa segunda residencia que fue el sueño de una generación. Una obra llena de emoción y recuerdos de una época a la que vuelven los personajes a la muerte del padre. También el reflejo de una forma de entender el cariño y la familia en el que se desdibuja el papel de la madre.

Restan las novelas, que desde diferentes épocas, localizaciones geográficas y situaciones, vividas o imaginadas, por los personajes nos han arrastrado a lugares y emociones diversas. De todas habría que destacar La vegetariana, de la coreana Han Kan, que ha sido un descubrimiento. Una obra precisa, sin una palabra de más, sin una imagen de más que dibuja un universo de soledad, dolor y angustia que no deja un momento de respiro. Y, en segundo lugar, El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers una narración hecha con autenticidad y sensibilidad absolutas, que le permite entrar en el alma de cada personaje y presentarlos completos, con todas las dudas y afirmaciones que nos conforman como mujeres y hombres.

En abril leímos Basada en hechos reales, un thriller de autoficción, que a mí me ha gustado mucho, pero que no generó gran entusiasmo, aunque, en general, fue considerado ameno y se valoró su estilo ágil y fluido. En el libro se exploran las dificultades de escribir una novela después de un gran éxito, y se abordan los límites entre realidad y ficción y verdad o veracidad.

El año se cerró con El niño que robó el caballo de Atila, de Iván Repila. Una novela corta en la que a modo de fábula, con un lenguaje lírico y metafórico, el autor nos quiere hablar de la sociedad actual, de cómo actúa el poder y de cómo resistimos…o no. Un relato interesante que, no obstante, pierde parte del mensaje en un lenguaje metafórico y evocador, que nos hace dudar sobre lo que interpretamos.

Aún quedan Las sillitas rojas, de Edna O’ Obrien, y Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, que yo, imperdonablemente, me salté. Tendrá que ser otro miembro del grupo el que nos cuente algo sobre ellas.

En fin, con petición de perdón por el retraso y propósito de enmienda para 2018 termino este balance anual.

Nos vemos el último domingo de enero en el Cafetín.

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La pasión

“Tantos libros por leer y tan poco tiempo para leerlos”, o algo así, es una frase conocida que se ajusta bastante a la realidad y que acaba transformándose en un sinfín de listas: lista de libros que hay que leer, de clásicos pendientes, de novela negra, de novedades que prometen, de recomendaciones y reseñas que enganchan, de…

De una de estas listas, concretamente la de literatura y ciudades, salió La pasión de Jeanette Winterson. La novela nos traslada a principios del XIX, a una época en la que toda Europa es conquistada por la pasión de un hombre, Bonaparte. A la suya se une la de muchos otros, entre ellos el joven Henri, cocinero del general, que lo siguieron con fe ciega, hasta que esa pasión les arrasó física y mentalmente.

La pasión está en algún lugar entre el miedo y el sexo.
La pasión no es tanto una emoción como un destino. ¿Qué puedo hacer ante este viento sino izar la vela y dejar los remos?

Pero a Henri le quedaba aún por conocer la otra mitad de la pasión y lo hizo gracias a Villanelle una veneciana, tan hermosa y misteriosa como su ciudad.

Aunque todo lugar al que se va está siempre delante de quien lo busca, en esta ciudad no se puede decir nunca “todo recto”. Ningún camino recto ayudará a llegar al café que está al otro lado del agua. Los caminos más rectos son los que toman los gatos, a través de agujeros imposibles, doblando esquinas que parecen llevar en la dirección opuesta. En esta ciudad veleidosa, es necesaria la fe.

El retrato que hace de Venecia es la mejor parte del libro y donde la autora consigue trasladarnos, de verdad, la pasión del título.

 

Autora: Jeanette Winterson
Editorial: Lumen
Nº Págs.:218

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Babilonia

Un drama teatral con apariencia de novela, pero que no consigue pasar de ahí. La soledad y la infelicidad, o más bien el aburrimiento, es lo único que parecen tener ya los dos personajes protagonistas, Elisabeth, ingeniera de patentes del Instituto Pasteur, y su anodino vecino, Jean-Lino, pero esto no es suficiente para construir una historia que se sostenga. Falta algún tipo de propoósito que dé sentido a tanto ir y venir de personajes/actores en escena.

Autora: Yasmina Reza
Editorial: Anagrama
Nº Págs.:208

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Querido Diego, te abraza Quiela

Este año el 23 de abril ha caído en domingo y la casualidad ha querido que coincidiera con la tertulia del Club de Lectura. Hay hechos y coincidencias que no se pueden dejar pasar como si nada. De ahí surge la idea de hacer un amigo invisible literario: llevar un libro que, de una u otra forma, tuviera un significado especial, y a cambio, recibiríamos otro. Tuve la suerte de encontrarme así con Elena Poniatowska, con quien yo tenía una deuda pendiente.

Querido Diego, te abraza Quiela es un libro bello y profundamente triste y doloroso, que me conmueve y enfada.

“Sin ti soy bien poca cosa, mi valor lo determina el amor que me tengas, y existo para los demás en la medida en que tú me quieras. Si dejas de hacerlo, ni yo ni los demás podremos quererme”.

En solo dos frases Poniatowska concentra la desesperación de Quiela, la pintora rusa Angelina Beloff, tras la marcha a México de Diego Rivera, su pareja durante diez años. Son suficientes para entender la fascinación por el lenguaje y su capacidad de generar el ímpetu de escribir. Entiendo a Pilar. Sin embargo a mí me paraliza. Esas palabras… “ni yo ni los demás podremos quererme” se me atraviesan en el pecho y no me dejan respirar. Escrito en forma de cartas sin respuesta, Quiela va narrando la soledad en que le deja la marcha de Diego Rivera. Se queda sola en París, sin dinero, sin proyectos artísticos y echando de menos el “amor” de Diego y al hijo que murió con solo catorce meses…y sin una palabra de respuesta. Es por todo un libro duro, que se hace difícil de soportar. Un libro que remueve, que hace gritar: ¿Por qué hay tantos Diegos? ¿Por qué hay tantas Quielas? y, sobre todo, ¿por qué se sigue hablando de “amor” cuando solo hay abuso y dependencia?

Gracias Pilar por la elección y te aseguro que lo aprecio como el abrazo cálido que querías que fuera. (Añadiría te abraza Marga, sino me resultara excesivo)

Autora: Elena Poniatowska
Editorial:  Impedimenta
Nº Págs.:  88

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Cáscara de nuez

Liarte con el hermano de tu marido y planear juntos su asesinato, aunque sea el padre del hijo que estás esperando, no es, desde luego, una historia original. Sin embargo McEwan consigue salir del camino de lo conocido cambiando, por completo, el punto de vista y la voz narrativa. Desde la primera página nos encontramos con un narrador inesperado, que es la a vez testigo y afectado directo, del complot que traman Trudy y Claude: el feto.
Este peculiar narrador permite transformar un thriller clásico en un medio para abordar la vida y cuestionarlo todo. Esa condición de estar presente en todo y, a la vez, en nada proporciona un espacio perfecto para la reflexión, que incorpora, además, una doble perspectiva: la inocencia de quién nunca ha experimentado, como ocurre en tantos libros protagonizados por personajes infantiles, y el conocimiento de quién si ha experimentado la vida adquirido por vía placentaria.
Un juego difícil que funciona y el que consigue hacernos entrar desde la primera página.

Autor: Ian McEwan

Editorial: Anagrama, 2017

Nº Págs.: 217

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