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La pasión

“Tantos libros por leer y tan poco tiempo para leerlos”, o algo así, es una frase conocida que se ajusta bastante a la realidad y que acaba transformándose en un sinfín de listas: lista de libros que hay que leer, de clásicos pendientes, de novela negra, de novedades que prometen, de recomendaciones y reseñas que enganchan, de…

De una de estas listas, concretamente la de literatura y ciudades, salió La pasión de Jeanette Winterson. La novela nos traslada a principios del XIX, a una época en la que toda Europa es conquistada por la pasión de un hombre, Bonaparte. A la suya se une la de muchos otros, entre ellos el joven Henri, cocinero del general, que lo siguieron con fe ciega, hasta que esa pasión les arrasó física y mentalmente.

La pasión está en algún lugar entre el miedo y el sexo.
La pasión no es tanto una emoción como un destino. ¿Qué puedo hacer ante este viento sino izar la vela y dejar los remos?

Pero a Henri le quedaba aún por conocer la otra mitad de la pasión y lo hizo gracias a Villanelle una veneciana, tan hermosa y misteriosa como su ciudad.

Aunque todo lugar al que se va está siempre delante de quien lo busca, en esta ciudad no se puede decir nunca “todo recto”. Ningún camino recto ayudará a llegar al café que está al otro lado del agua. Los caminos más rectos son los que toman los gatos, a través de agujeros imposibles, doblando esquinas que parecen llevar en la dirección opuesta. En esta ciudad veleidosa, es necesaria la fe.

El retrato que hace de Venecia es la mejor parte del libro y donde la autora consigue trasladarnos, de verdad, la pasión del título.

 

Autora: Jeanette Winterson
Editorial: Lumen
Nº Págs.:218

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Babilonia

Un drama teatral con apariencia de novela, pero que no consigue pasar de ahí. La soledad y la infelicidad, o más bien el aburrimiento, es lo único que parecen tener ya los dos personajes protagonistas, Elisabeth, ingeniera de patentes del Instituto Pasteur, y su anodino vecino, Jean-Lino, pero esto no es suficiente para construir una historia que se sostenga. Falta algún tipo de propoósito que dé sentido a tanto ir y venir de personajes/actores en escena.

Autora: Yasmina Reza
Editorial: Anagrama
Nº Págs.:208

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Querido Diego, te abraza Quiela

Este año el 23 de abril ha caído en domingo y la casualidad ha querido que coincidiera con la tertulia del Club de Lectura. Hay hechos y coincidencias que no se pueden dejar pasar como si nada. De ahí surge la idea de hacer un amigo invisible literario: llevar un libro que, de una u otra forma, tuviera un significado especial, y a cambio, recibiríamos otro. Tuve la suerte de encontrarme así con Elena Poniatowska, con quien yo tenía una deuda pendiente.

Querido Diego, te abraza Quiela es un libro bello y profundamente triste y doloroso, que me conmueve y enfada.

“Sin ti soy bien poca cosa, mi valor lo determina el amor que me tengas, y existo para los demás en la medida en que tú me quieras. Si dejas de hacerlo, ni yo ni los demás podremos quererme”.

En solo dos frases Poniatowska concentra la desesperación de Quiela, la pintora rusa Angelina Beloff, tras la marcha a México de Diego Rivera, su pareja durante diez años. Son suficientes para entender la fascinación por el lenguaje y su capacidad de generar el ímpetu de escribir. Entiendo a Pilar. Sin embargo a mí me paraliza. Esas palabras… “ni yo ni los demás podremos quererme” se me atraviesan en el pecho y no me dejan respirar. Escrito en forma de cartas sin respuesta, Quiela va narrando la soledad en que le deja la marcha de Diego Rivera. Se queda sola en París, sin dinero, sin proyectos artísticos y echando de menos el “amor” de Diego y al hijo que murió con solo catorce meses…y sin una palabra de respuesta. Es por todo un libro duro, que se hace difícil de soportar. Un libro que remueve, que hace gritar: ¿Por qué hay tantos Diegos? ¿Por qué hay tantas Quielas? y, sobre todo, ¿por qué se sigue hablando de “amor” cuando solo hay abuso y dependencia?

Gracias Pilar por la elección y te aseguro que lo aprecio como el abrazo cálido que querías que fuera. (Añadiría te abraza Marga, sino me resultara excesivo)

Autora: Elena Poniatowska
Editorial:  Impedimenta
Nº Págs.:  88

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Cáscara de nuez

Liarte con el hermano de tu marido y planear juntos su asesinato, aunque sea el padre del hijo que estás esperando, no es, desde luego, una historia original. Sin embargo McEwan consigue salir del camino de lo conocido cambiando, por completo, el punto de vista y la voz narrativa. Desde la primera página nos encontramos con un narrador inesperado, que es la a vez testigo y afectado directo, del complot que traman Trudy y Claude: el feto.
Este peculiar narrador permite transformar un thriller clásico en un medio para abordar la vida y cuestionarlo todo. Esa condición de estar presente en todo y, a la vez, en nada proporciona un espacio perfecto para la reflexión, que incorpora, además, una doble perspectiva: la inocencia de quién nunca ha experimentado, como ocurre en tantos libros protagonizados por personajes infantiles, y el conocimiento de quién si ha experimentado la vida adquirido por vía placentaria.
Un juego difícil que funciona y el que consigue hacernos entrar desde la primera página.

Autor: Ian McEwan

Editorial: Anagrama, 2017

Nº Págs.: 217

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A propósito de las mujeres

El verano pasado se cumplía el centenario del nacimiento de Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-Roma, 1991) y, como ocurre tantas veces, ha servido de excusa para redescubrir, en mi caso descubrir, a esta gran escritora.

En A propósito de las mujeres se recogen un artículo, que da título al libro, y varios relatos protagonizados por mujeres en los que retrata la vida familiar, la erosión y los cambios que produce el tiempo, la decepción o las falsas expectativas con exactitud y sabiduría (Letras Libres, 2016).

Dice Ginzburg que “las mujeres tienen la mala costumbre de caer en un pozo de vez cuando, de dejarse embargar por una terrible melancolía, ahogarse en ella y bracear para mantenerse a flote”. Eso es lo que hacen las mujeres de sus relatos -jóvenes y viejas, con hijos o sin ellos, tranquilas o no, con sombrero o sin sombrero-: bracear sin parar. A veces consiguen salir a flote, pero “caen de nuevo el pozo con miedo y vergüenza y desprecio de sí mismas”. Y nosotros, lectores y lectoras de estos relatos podemos quedarnos en el brocal mirando como caen o caer con ellas depende de la distancia que tomemos. Podemos leer y dejarnos llevar sólo por las palabras y por la forma de contar, que es magnífica, o ir más allá compartir la caída e, incluso, el pozo.

Autora: Natalia Ginzburg

Editorial: Lumen

Nº Págs.: 110

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