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Resumen del verano

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Septiembre tiene algo de principio de año. Empieza el curso, con sus correspondientes nuevos propósitos, y los quioscos se llenan de coleccionables y fascículos impensables. Sin embargo, cada vez me resulta más difícil participar de esta puesta en marcha generalizada. Y es que a mí, el verano me arrasa. Me gusta, claro, su luz, los días largos, los viajes, el mar…todo eso que sólo se encuentra plenamente entre julio y agosto, pero el calor me anula y, en algunos momentos, me transforma. En esas ocasiones, lo mejor es ignorarme y esperar a que la próxima brisa me devuelva a mi estado normal, que no siendo perfecto es más aceptable. Por encima de 30° mi actividad cerebral empieza a dar problemas y a partir de 35° deja de funcionar. Así que aquí estoy, intentando recuperar un mínimo de actividad que me permita retomar estos comentarios y el contacto con quienes los leéis.
A pesar de esta enajenación mental transitoria he tenido un buen verano de lecturas, aunque las haya mantenido en secreto hasta ahora.


EdimburgoNada mejor para preparar un viaje que leer sobre tu destino, así que julio fue invadido por Ian Rankin y cuatro, si cuatro, de sus novelas. A través de las páginas de Nudos y cruces, El escondite, Uñas y dientes, y Jack al desnudo seguí al inspector John Rebus por la calles de Edimburgo: paseé por Princess Street, subí a la colina de Calton Hill, me tome una pinta en Oxford Bar y conocí una ciudad que “estaba llena de escaleras, de la misma manera que estaba llena de colinas, vientos helados y personas a las que les gustaba quejarse con voz lastimera de cosas como las colinas, las escaleras y el viento”. En los libros de Rankin, además de una guía turística, encontramos todos los elementos clásicos de la novela policiaca protagonizada por un inspector solitario, inteligente, con poco respeto por la autoridad, que se refugia, como muchos en el alcohol y, como pocos, en los libros que llenan su estudio.
Para contrarrestar el exceso de escaleras, alcohol y asesinatos empecé agosto en la tranquilidad rural de Mansfield Park. Refugio seguro entre casas inglesas, tardes de té y mujeres jóvenes que tienen dificultades para garantizarse un futuro estable si no encuentran el marido apropiado. Temas clásicos de Austen pero sin el sentido del humor irónico del Orgullo y Prejuicio.

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De nuevo las tranquilas aguas austenianas fueron contrarrestadas con el crimen y el misterio de La tristeza del Samurai, de Víctor del Árbol. Este libro ensaya el planteamiento de tres escenarios temporales, que encontramos de nuevo en Un millón de gotas, para hablarnos de una historia actual que en realidad empezó mucho tiempo atrás, porque “el pasado nunca se olvida, nunca se borra”. España está cambiando, la Transición nos está sacando de la oscuridad y llevándonos, por fin, al siglo XX. Pero no todo es nuevo, no todo comienza hay muchas cosas que vienen de lejos, intrigas y misterios que enganchan, aunque sin llegar al nivel de Un millón de gotas.


Un nuevo salto con Americanah de Chimamanda Ngozi Adiche, “una novela sobre el amor, la raza…y el pelo afro”, según la promoción. En Nigeria a mediados de los 90 el futuro pasa por la emigración y conseguir el visado para Estados Unidos es la meta. Una vez allí las cosas no siempre son como se espera e Ifemelu tiene que enfrentar algunas que nunca pensó que existieran. Son las reflexiones en torno a esos temas lo más interesante de la obra, que adolece de cierta superficialidad. Echo en falta profundizar en determinados análisis y situaciones, que a pesar de su gravedad, parece que basta con narrarlos. Y me sorprende que en ninguna de sus reflexiones en torno a la raza, la emigración o el racismo se aluda, ni siquiera de forma tangencial, al género.


Vuelta al género negro y los crímenes con Irène, uno de los últimos éxitos del género. En este primer caso del comandante Camille Verhoeven, Lemaitre nos ofrece un homenaje a la novela negra a la vez que nos enfrenta a un brutal asesino, atrapándonos gracias a su maestría en el manejo del ritmo que culmina en un final trepidante.
Tentada estuve de continuar las lecturas a partir de esos clásicos de la novela que se mencionan en el libro, pero la realidad se impuso. El verano había estado plagado de muertes ficticias y, lo peor, estaba terminando con un número insoportable de muertes reales. Es difícil soportar la ficción de la muerte a la vez que el telediario se llena de la muerte real de mujeres “asesinadas”. Remarco “asesinadas” porque, en contra de lo que dicen los titulares, esas mujeres no son halladas muertas ni fallecen: son asesinadas. Estaban vivas y sanas, dentro de lo que cabe, hasta que llegó el asesino que las mató.

Mucho mejor continuar leyendo La vida de las paredes de Sara Morante un cuento como deben ser los cuentos: una buena historia y mejores ilustraciones. Un libro precioso. ¿O no?

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Este (largo) resumen del verano termina con La pequeña Jonna de la danesa Kirsten Thorup. Entré a la librería con las ansias habituales y la firme decisión de no llevarme una novela de iniciación y acabé, entre otras, con Jonna una niña de diez años que nos cuenta su infancia en la década de los 50 marcada por la crisis de la posguerra. ¡Vivan las firmes decisiones! En realidad, no era tan contrario a lo que quería como podría parecer porque, aunque la narradora sea Jonna, la verdadera protagonista es su madre. Betty, una de esas millones de mujeres fuertes que pueblan el planeta en cualquier tiempo y lugar. Fuertes porque sí, porque no les queda otra. La vida no les deja más que apretar los dientes y tirar pa’lante, aunque en el fondo se digan: “no puedo dejar de preguntarme quién soy en realidad… ¿En qué cambian el mundo el aspecto de las casas, dónde se plantan los árboles o el precio del grano? ¿Por qué me deslomo sin dejar una sola huella de mi paso por este mundo?”


Hoy, 3 de septiembre, en Madrid hay 25° y parece que, por fin, voy recuperando mi actividad cerebral. Esperemos que dure y me permita escribir con regularidad en vez de castigaros con estos post eternos.

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Agosto: resumen de lecturas

Recién aterrizada intento retomar la actividad poco a poco. No es fácil. Aún tengo la cabeza en la ribera del Loira y sigo vagando entre castillos y abadías. Septiembre siempre es así, transitamos entre la nostalgia de las vacaciones y la incertidumbre del nuevo curso.
Últimamente he vagueado bastante con las reseñas pero, aunque la época sea apropiada para ello, no voy a proponerme ser más aplicada. ¿Para qué? Ya sé que no lo voy a cumplir y es mejor es evitarse ocasiones de frustración. Así que seguiré con los resúmenes mensuales. Aquí va el de agosto que ha sido, como veréis, placentero y fructífero.

 LA PENA MÁXIMA, Santiago Roncagliolo
Nos encontramos de nuevo con uno de los investigadores más inverosímiles de la novela policíaca: Félix Chacaltana de Saldívar, fiscal distrital adjunto, un hombre que nunca ha hecho nada que no estuviese claramente estipulado en los reglamentos de su institución A Chacaltana les gusta su trabajo que le permite “organizar la vida en acciones, autores y consecuencias” sin embargo en Lima “reinaba el caos más absoluto y él se sentía fuera de lugar” Es 1978: Perú intenta salir de la dictadura celebrando sus primeras elecciones democráticas a la vez que el país es sede los mundiales de futbol y el pobre fiscal se ve envuelto en una investigación criminal. Con un lenguaje ágil y gran sentido del humor Roncagliolo construye un trhiller entretenido en el que Chacaltana se cuestionan más cosas que la resolución del crimen.

UNA VIDA SIN TI, Jean Rhys
La obra reúne cuatro novelas: Viaje a la oscuridad, Cuarteto, Después de dejar a Mr. McKenzie y Buenos días, medianoche protagonizadas por cuatro mujeres distintas pero que en realidad son la misma y que acaban todas en la propia autora. Mujeres que arrastran sus vidas y su soledad por Londres y París, que no son sino otros amantes incapaces de acogerlas y ofrecerlas un rincón cálido.

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ROSEANNA, Maj Sjöwall y Per Wahlöö
Publicada en 1965 es hoy un auténtico clásico de la novela negra que fija las bases de toda la literatura negra posterior. Según Henning Mankell “cualquiera que haya escrito sobre crímenes como reflejo de una realidad social ha sido inspirado, una manera u otra, por ellos. Rompieron con las tendencias preexistente en la novela policíaca.” Y continúa: “la historia sigue siendo actual. Está llena de vida, mantiene la tensión y su desarrollo narrativo está hábilmente planteado.” Nada que añadir. Altamente recomendable.

SENTIDO Y SENSIBILIDAD, Jane Austen
Otra vuelta a los clásicos para descansar el espíritu después de la profunda tristeza de Jean Rhys y los truculentos asesinatos en La pena máxima y Roseanna. Jane Austen te reconcilia con el mundo y te devuelve la sonrisa. Aunque en esta ocasión no llegue a los niveles alcanzados en Orgullo y prejuicio se disfruta de su frescura y su sentido del humor y yo le tengo especial cariño a Elinor.

EL MATRIMONIO DE LA SEÑORITA BUNCLE Y LAS DOS SEÑORAS ABBOT, Stevenson D.E.
Continuación de las peripecias de la “nada imaginativa” señorita Buncle, ahora convertida en Sra. Abbot, que ha tenido que salir del pueblo después de la publicación de su libro anterior. Divertidos y entrañables como el primero, aunque algo menos frescos.


EL GRAN FRÍO, Rosa Ribas y Sabine Hofmann
Esperada segunda entrega de la serie protagonizada por la periodista Ana Martí que ha superado las expectativas creadas por el éxito de la primera. En esta ocasión se enfrenta a algo mucho más oscuro y terrible de lo que pensaba la protagonista, que ahora, como reportera de El Caso, es enviada a un pueblo del Maestrazgo a cubrir la noticia relativa a una niña con los estigmas de Cristo. Con ella vamos entrando en una historia turbia que nos va hundiendo en lo más oscuro de la condición humana, donde el fanatismo religioso se mezcla con el miedo  y la culpa de una España que vive en la miseria.
Mención aparte merece el personaje de Beatriz, la prima lingüista, que vuelve aparecer como su (perdón por la palabrota) coach literaria y defensora de los clásicos.

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Hablando de…Madame Bovary

El club de lectura Cafetín El Desván tuvimos ayer nuestra tertulia mensual para comentar la lectura de enero: Madame Bovary de Gustav Flaubert.

Contrariamente a mi costumbre, tengo que decir un tanto avergonzada que no  he leído el libro. Podría dar alguna excusa más digna pero lo cierto es que no he conseguido interesarme por las tribulaciones de Emma Bovary. Me daré algún tiempo y retomaré la lectura más adelante. Por el momento, queda pospuesta la reseña pero no la referencia a otras obras, literarias o no, que se hicieron a lo largo de la tertulia. Vamos el Hablando de…Madame Bovary

La orgía perpetua, Mario Vargas Llosa

orgia perpetuaEn este brillante ensayo, Mario Vargas Llosa analiza una de las novelas que han marcado su carrera como escritor. La pesquisa del narrador peruano tantea tres diferentes vías de aproximación al texto flaubertiano: en una primera parte, de tono autobiográfico, Vargas Llosa se retrata a sí mismo como lector enfervorizado y pasional. La segunda parte es un análisis exhaustivo de Madame Bovary, cómo es y lo que significa una obra en la que se combinan con pericia la rebeldía, la violencia, el melodrama y el sexo. En la tercera parte se rastrea la relación de la obra de Flaubert con la historia y el desarrollo del género más representativo de la literatura moderna: la novela.

Vindicación de los derechos de la mujer, Mary Wollstonecraft (1792)

Vindicación de los derechos de la mujer

Vindicación de los derechos de la mujer

La vida de Mary Wollstonecraft (1759-1797) marcó claramente la vocación de sus textos y el mérito de una escritura desafiante con el espacio entonces negado a las mujeres. El contexto de la Revolución francesa y sus circunstancias personales la convirtieron en una fascinante excepción del pensamiento de la época. “Vindicaci ón de los derechos de la mujer” aborda la inclusión de la mujer en los principios universales de la Ilustración, así como la aplicación del principio de igualdad, la educación y la emancipación de los prejuicios. La distancia que separa el tiempo de May Wollstonecraft del presente tan sólo cambia el modo de formular las preguntas, pero no el fondo de las mismas. Esta obra constituye uno de los pilares fundamentales de la teoría feminista contemporánea.

Orgullo y prejuicio, Jane Austen (1813)

Orgullo y prejuicioEl señor y la señora Bennet tienen cinco hijas, y el único objetivo de la madre es conseguir una buena boda para todas. Dos jóvenes ricos, el señor Bingley y el señor Darcy, aparecen en ese ambiente e inmediatamente se ven señalados como posibles maridos. La heroína de la novela es Elizabeth, la segunda hermana, inteligente, perspicaz, consciente de su valor, y algo rebelde. El opresivo ambiente de la familia, la presión del matrimonio, la diferencia de clases, el fantasma de la pobreza y la delicada sensibilidad de una heroína decidida, pero no libre de errores de juicio y dudas de comportamiento, se conjugan para crear una obra maestra leída a lo largo de más de dos siglos.

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Anna Karenina, Leon Tolstoi (1877)

Anna KareninaLa sola mención del nombre de Anna Karénina sugiere inmediatamente dos grandes temas de la novela decimonónica: pasión y adulterio. Anna Karénina, que Tolstói empezó a escribir en 1873 y no vería publicada en forma de libro hasta 1878, es una exhaustiva disquisición sobre la institución familiar y como dice Víctor Gallego (autor de esta nueva traducción), «una fábula sobre la búsqueda de la felicidad». La idea de que la felicidad no consiste en la satisfacción de los deseos preside la detallada descripción de una galería espléndida de personajes que conocen la incertidumbre y la decepción, el vértigo y el tedio, los mayores placeres y las más tristes miserias.

La Regenta, Clarín (1884)

RegentaPublicada en 1884 y comparable sin duda alguna a cualquiera de las cumbres de la novela del siglo XIX,” La Regenta” justificaría por sí sola el lugar privilegiado que se asigna a Leopoldo Alas, Clarín (1852-1901), en la historia de nuestras letras como uno de los grandes narradores de la literatura castellana de todos los tiempos. Dominada por un poderoso motivo central la pasión sacrílega de Fermín de Pas por Ana Ozores de Quintanar, la trama argumental, tan compleja como apasionante, en la que se entretejen distintos hilos de acción, ambientes sociales y conflictos interpersonales, va dibujando con maestría una historia inolvidable contra el fondo que provee la vida de una capital de provincia española (Vetusta no es sino la trasposición literaria de Oviedo) en el último tercio del siglo XIX.

La edad de la inocencia, Ediht Warton (1920)

Edad de la inocencia filmEdad de la inocencia

Publicada en 1920, es probablemente la mejor obra de Edith Wharton. Su eje argumental está constituido por un adulterio frustrado. Newland Archer es un caballero de la alta burguesía en el Nueva York del siglo XIX que está prometido a May Welland, pero todo cambiará al conocer a la prima de esta, la condesa de Olenska. La e strechez de miras y los convencionalismos sociales y de clase conducen la historia de unos personajes atrapados entre sus sentimientos y el lugar que ocupan en el mundo, en el que la buena compostura condiciona la vida. “Un brillante panorama de la Nueva York de hace 45 años. La novela más solicitada en bibliotecas públicas y un bestseller en librerías”. Time Book Review, 1921 “La vida es siempre una cuerda floja o una cama de plumas. Dame la cuerda floja.” Edith Wharton. En 1993 Martin Scorssese dirige una gran adaptación de la novela interpretada por Michelle Pfeiffer, Daniel Day Lewis y Winona Ryder

La hija de Ryan, David Lean (director)

La_hija_de_Ryan filmIrlanda, 1916. Cuando Charles (Mitchum), un maestro rural viudo, vuelve de Dublín a su aldea natal, Rosy (Sarah Miles), una muchacha muy impulsiva, se encapricha con él y no parará hasta llevarlo al altar. Pero el matrimonio fracasa: Charles es un hombre maduro y sosegado mientras que su esposa es una joven muy apasionada y romántica que acaba enamorándose de un oficial inglés con el que se ve en secreto.

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Orgullo y prejuicio

Por alguna extraña razón no había leído Orgullo y prejuicio, a pesar de mi debilidad por la literatura inglesa de la época. Supongo que, como pasa con muchos otros libros, a pesar del interés se van viendo relegados por nuevas adquisiciones y descubrimientos y apetencias que caracterizan mi caótica personalidad lectora. He tardado, pero como se dice popularmente “nunca es tarde si la dicha es buena” y en este caso lo ha sido con creces.

El argumento es relativamente sencillo y centrado en los temas habituales de la autora. Los señores Bennet tienen cinco hijas a quienes deben casar lo mejor posible, y dado que “es una verdad universalmente aceptada que todo soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa”, a ello dedican, en especial la señora Bennet, todos sus esfuerzos. Cuando el señor Bingley y el señor Darcy, dos jóvenes apuestos y adinerados, aparecen en Hertforside inmediatamente son considerados los pretendientes idóneos para Jane y Elizabeth, las dos hijas mayores. Se abre la veda.

Este argumento “romántico” no debe crear un prejuicio frente la calidad literaria de la novela. En muchas ocasiones la obra de Jane Austen se ha unido a la de las Hermnas Brönte o Louisa May Alcott queriendo crear una especie de cuerpo literario para chicas y desprestigiando así tanto la calidad de las escritoras como el gusto literario de las lectoras y lectores, que también los hay. Todas sus obras contienen mucho más que costumbrismo o historias de amor. Hoy, doscientos años después de su publicación, se lee gracias a un lenguaje directo y ágil, a la detallada recreación de lugares y personajes y especialmente  a una perfecta utilización del ritmo narrativo.

Orgullo y prejuicio se publica en 1813, tan solo veinte años después de que Mary Wollstonecraft publicara Vindicación de los derechos de la mujer y su influencia es palpable en toda la novela. En contra del planteamiento roussoniano, Wollstonecraft mantiene que “a las mujeres se las hace débiles y despreciables” a causa de un sistema educativo  que las considera “más como tales que como criaturas humanas” instándolas a desear “fervientemente inspirar amor, cuando debieran abrigar ambición más noble y exigir respeto por su capacidad y sus virtudes”. Así las protagonistas de las novelas de Jane Austen son mujeres con conocimiento e inteligencia que les permite pensar por sí misma y tomar decisiones respecto a sus vidas. Elizabeth Bennet vendría a encarnar el ideal femenino moderno en contraposición a su hermana menor Lidya que se nos presenta como una joven atolondrada e ignorante cuyo único fin es casarse a cualquier precio.

– No puede decirse que una mujer sea realmente cultivada si no supera con creces lo habitual. Deber tener un profundo conocimiento de la música, del canto, del dibujo, del baile y de los idiomas modernos; y además de todo eso poseer algo indefinible en su figura y ademanes, en el tono de su voz y en la forma de expresarse: de lo contrario, sólo merecerá a medias ese calificativo.

– Y a todo eso hay que añadirle algo más sustancial -dijo Darcy-: el perfeccionamiento de su intelecto mediante la lectura.

 – No me extraña que sólo conozca a seis mujeres. Jamás he visto todas esas cualidades que describe -inteligencia, buen gusto, aplicación y elegancia- reunidas en la misma persona

Por último mención especial merecen  la cuidada  edición de la Editorial Alba, que incluye las ilustraciones de Huhg Thomas para la edición de Chisiwick Press en 1894, y la amiga invisible que me lo regaló.

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