Erasmo de Rotterdam

El último domingo de enero comenzamos un año más de tertulias literarias, en esta ocasión, de la mano de Stefan Zweig y Erasmo de Rotterdam. Siguiendo esa línea nuestra, caótica y ecléctica, que nos lleva por épocas y géneros como pollos sin cabeza decidimos leer una biografía. Y por el gusto por el autor y el interés por el personaje elegimos Erasmo de Rotterdam de Stefan Zweig.

Si, como decía Zweig, en 1934 «la más grande y deslumbrante celebridad de su siglo, es hoy poco más que un nombre», en 2018 es poco más que el nombre de una beca europea. Y una vez leída su biografía tampoco está muy claro si conocemos más, o no, a Erasmo que antes. Estamos ante una biografía que en realidad no lo es, que relega las peripecias vitales del biografiado y este se convierte en excusa para abordar los temas que le preocupan al biógrafo, de tal forma que a quién hemos conocido mucho más es a Zweig, que plantea el análisis del Erasmo pegado al contexto que el propio autor vive y sufre.

El libro tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera en la que se hace una descripción del personaje, algo superficial en cuanto a los datos, pero exquisitamente literaria respecto a descripción física y emocional de Erasmo a través de los retratos de Hans Holbein. La segunda profundiza en el pensamiento, pero no tanto desde la obra erasmista como desde su contraposición con otro personaje imprescindible de la historia de Europa, Lutero. Zweig relata de forma apasionante el enfrentamiento de dos personalidades opuestas y defensoras de dos fuerzas contrapuestas: fe frente a razón. Un enfrentamiento, más vivo que nunca, en una Europa que ve atónita el ascenso del nazismo y que a Zweig preocupa por encima de todo, abordándolo de nuevo en 1936 en Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia donde nuevamente habla de «Tolerancia frente a inteligencia, libertad frente a tutela, humanismo frente a fanatismo, individualismo frente a mecanización, conciencia frente a violencia».

Para terminar traigo la cita de Castellio con la que Zweig abre Castellio contra Calvino que explica el interés del autor por estos personajes y su propia muerte.

«La posteridad no podrá creer que, después de que se hubiera hecho la luz, hayamos tenido que vivir de nuevo en medio de tan densa oscuridad»


Castellio, De arte dubitandi (1592)

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Un bello misterio

 

724-1_un_bello_misterio_websiteLo menos interesante de mis novelas son los crímenes.

Esto decía hace unos días Louise Penny en BCNegra, según recoge ABC, y que se ajusta a la perfección a su último libro publicado en España: Un bello misterio.

En esta entrega (octava de la serie y el quinto de los publicados aquí) el Inspector Jefe Gamache y su inseparable Watson, el Inspector Beauvoir, se enfrentan a una investigación que pondrá a prueba mucho más que su inteligencia y lo harán en un entorno diferente, muy alejado Three Pines y sus habitantes y de todo lo que conocen: Saint-Gilbert-Entre-les-Loups, monasterio de clausura cuya existencia era desconocida por todos, incluido el Vaticano, hasta que la fama les llegó al grabar un disco de canto gregoriano, donde aparece asesinado el prior y maestro de coro. Los  grandes bosques y la hospitalidad acogedora y familiar de Three Pines es sustituida por un entorno más oscuro y opresivo donde reina el voto de silencio. Aunque pronto descubrirán que nada es lo que parece y lo que podría tomarse por oscuridad y silencio es en realidad calma y luz que proporciona el canto gregoriano, que se convierte en personaje de la novela. Este punto de partida permite a la autora construir un libro de gran belleza, en el que la música se oye a través de las palabras y sirve de herramienta para explorar el alma, enfrentando a los personajes a su propia fragilidad, que deriva del miedo y la búsqueda de la felicidad.

Es, en definitiva, un bello misterio en el que lo que menos importa es el misterio.

Autora: Louise Penny
Editorial: Salamandra
Nº Págs.: 496

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Club de lectura. Balance 2017

Es tiempo de balance anual y no voy a ser yo quien cuestione esta costumbre. Más que nada, porque, revisando estas crónicas de andar por casa de nuestro Club de Lectura, he descubierto que el atraso que llevaba superaba en varios meses lo que yo creía.

Yendo al balance. En lo cualitativo, como siempre, lo mejor ha sido mantener los encuentros y poder compartir las alegrías y las decepciones que nos han proporcionado las lecturas. En lo cuantitativo los datos nos cuentan que hemos leído 1 obra de teatro, 1 novela gráfica, 1 un libro de relatos, 2 ensayos y 5 novelas, que han escrito 6 hombres y 4 mujeres. O sea, que estamos en porcentajes de presencia equilibrada pero no estaría mal que les diéramos un empujón a las autoras. Bueno, mejor sin empujar, démosles más espacio que se lo merecen.

Arrancamos el año con ganas, tantas que hasta tiene su reseña, leyendo La España vacía de Sergio del Molino, en el que con inteligencia y oportunidad pone nombre a una realidad que nos interpela directamente, que nos habla de nuestros paisajes, geográficos, culturales y emocionales, y nos recuerda que esa gran extensión de terreno olvidada nos ha conformado como país y sigue haciéndolo. Por el contrario, el otro ensayo, Estudios del malestar de José Luis Pardo, Premio Anagrama de Ensayo, resultó…un desastre. No encuentro una forma más benévola de calificarlo. Las opiniones oscilaban entre “no me ha gustado nada” o “incapaz de pasar de las primeras páginas, enredada entre Marx y Hegel” y “poco sistemático, frívolo y deshonesto”, dicho por nuestro filósofo de cabecera.

El frío de febrero lo combatimos con teatro, con la risa y el absurdo de Darío Fo en Muerte accidental de una anarquista, a través de la cual hicimos una disección de la actualidad: “Al ciudadano de a pie no le interesa que la mierda desaparezca, le basta con que se denuncie, estalle el escándalo y se pueda comentar. Para él esa es la verdadera libertad y el mejor de los mundos. Quién diría que esto se escribió en 1970. (Leer más)

En junio, con el verano llamando a la puerta, leímos La casa, novela gráfica de Paco Roca, que nos hablaba también de esos veranos que se pasaban en la casa del pueblo o en esa segunda residencia que fue el sueño de una generación. Una obra llena de emoción y recuerdos de una época a la que vuelven los personajes a la muerte del padre. También el reflejo de una forma de entender el cariño y la familia en el que se desdibuja el papel de la madre.

Restan las novelas, que desde diferentes épocas, localizaciones geográficas y situaciones, vividas o imaginadas, por los personajes nos han arrastrado a lugares y emociones diversas. De todas habría que destacar La vegetariana, de la coreana Han Kan, que ha sido un descubrimiento. Una obra precisa, sin una palabra de más, sin una imagen de más que dibuja un universo de soledad, dolor y angustia que no deja un momento de respiro. Y, en segundo lugar, El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers una narración hecha con autenticidad y sensibilidad absolutas, que le permite entrar en el alma de cada personaje y presentarlos completos, con todas las dudas y afirmaciones que nos conforman como mujeres y hombres.

En abril leímos Basada en hechos reales, un thriller de autoficción, que a mí me ha gustado mucho, pero que no generó gran entusiasmo, aunque, en general, fue considerado ameno y se valoró su estilo ágil y fluido. En el libro se exploran las dificultades de escribir una novela después de un gran éxito, y se abordan los límites entre realidad y ficción y verdad o veracidad.

El año se cerró con El niño que robó el caballo de Atila, de Iván Repila. Una novela corta en la que a modo de fábula, con un lenguaje lírico y metafórico, el autor nos quiere hablar de la sociedad actual, de cómo actúa el poder y de cómo resistimos…o no. Un relato interesante que, no obstante, pierde parte del mensaje en un lenguaje metafórico y evocador, que nos hace dudar sobre lo que interpretamos.

Aún quedan Las sillitas rojas, de Edna O’ Obrien, y Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, que yo, imperdonablemente, me salté. Tendrá que ser otro miembro del grupo el que nos cuente algo sobre ellas.

En fin, con petición de perdón por el retraso y propósito de enmienda para 2018 termino este balance anual.

Nos vemos el último domingo de enero en el Cafetín.

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La pasión

“Tantos libros por leer y tan poco tiempo para leerlos”, o algo así, es una frase conocida que se ajusta bastante a la realidad y que acaba transformándose en un sinfín de listas: lista de libros que hay que leer, de clásicos pendientes, de novela negra, de novedades que prometen, de recomendaciones y reseñas que enganchan, de…

De una de estas listas, concretamente la de literatura y ciudades, salió La pasión de Jeanette Winterson. La novela nos traslada a principios del XIX, a una época en la que toda Europa es conquistada por la pasión de un hombre, Bonaparte. A la suya se une la de muchos otros, entre ellos el joven Henri, cocinero del general, que lo siguieron con fe ciega, hasta que esa pasión les arrasó física y mentalmente.

La pasión está en algún lugar entre el miedo y el sexo.
La pasión no es tanto una emoción como un destino. ¿Qué puedo hacer ante este viento sino izar la vela y dejar los remos?

Pero a Henri le quedaba aún por conocer la otra mitad de la pasión y lo hizo gracias a Villanelle una veneciana, tan hermosa y misteriosa como su ciudad.

Aunque todo lugar al que se va está siempre delante de quien lo busca, en esta ciudad no se puede decir nunca “todo recto”. Ningún camino recto ayudará a llegar al café que está al otro lado del agua. Los caminos más rectos son los que toman los gatos, a través de agujeros imposibles, doblando esquinas que parecen llevar en la dirección opuesta. En esta ciudad veleidosa, es necesaria la fe.

El retrato que hace de Venecia es la mejor parte del libro y donde la autora consigue trasladarnos, de verdad, la pasión del título.

 

Autora: Jeanette Winterson
Editorial: Lumen
Nº Págs.:218

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Babilonia

Un drama teatral con apariencia de novela, pero que no consigue pasar de ahí. La soledad y la infelicidad, o más bien el aburrimiento, es lo único que parecen tener ya los dos personajes protagonistas, Elisabeth, ingeniera de patentes del Instituto Pasteur, y su anodino vecino, Jean-Lino, pero esto no es suficiente para construir una historia que se sostenga. Falta algún tipo de propoósito que dé sentido a tanto ir y venir de personajes/actores en escena.

Autora: Yasmina Reza
Editorial: Anagrama
Nº Págs.:208

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