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La broma

U12951_1_Labromano de los atractivos de un club de lectura es que te enfrenta a libros de las más variadas procedencias y te encuentras leyendo algunos de los que nunca habías tenido noticia o que habías dejado para mejor ocasión o que siempre pensaste que deberías haber leído pero… ya se sabe,  siempre se cruza otro libro. Así que cuando Pedro nos propuso La broma de Milan Kundera, no tenía la menor referencia. Si claro, conocía a Kundera, de nombre, y como todo el mundo me había leído La insoportable levedad del ser en su momento, cuando se convirtió en libro de culto. Habrán pasado al menos veinte años y no conservo el menor recuerdo salvo una vaga sensación de aburrimiento, que ni siquiera podría decir que sea real. ¡Qué pena!

Ahora que lo pienso, otro día tengo que retomar esto de las sensaciones que me dejan los libros. Bueno, a lo que iba. Cuando leí en la contraportada que La broma era calificada como una de las mayores novelas de nuestro siglo, que forma parte del destino de la Europa contemporánea o que es la Biblia de la contrarrevolución me dio un poco de vergüenza no haberlo leído hasta ahora y ni siquiera tener noticia de él. En forma de “obligación” he tenido la oportunidad de leerlo y subsanar el fallo. Agradecida.

No llegaría yo a decir que sea una de las mayores novelas del siglo, pero desde luego es una lectura recomendable que ha proporcionado un debate interesante, al menos entre quienes lo habíamos leído. Y es que Ludvik, el protagonista de La broma, no es un personaje fácil: para unos tiene una personalidad cínica y fría que distancia, para otros carece de empatía y se hace odioso, otros atribuyen a su juventud muchas de las decisiones que toma o las cosas que le pasan. Yo me quedo con un poco de todo. A lo largo de la novela encontramos dos temas narrativos principales: la política y el amor, por nombrarlo de forma simple. Creo que su juventud puede influir en su dimensión política, pero no justifica su comportamiento amoroso, si es que se puede llamar así.

La dimensión histórico-política de la novela ofrece  una visión del comunismo muy diferente a la que tenía la Europa occidental de mayo del 68 y contraria a la propaganda de la Europa comunista. Nos habla de una sociedad dirigida, asfixiante, en la que cualquier asomo de individualismo se proscribe y que carece por completo de sentido del humor. Un sistema que se toma tan serio a sí mismo que desencadena la destrucción de Ludvik antes que aceptar una simple broma. Por su parte Ludvik, en esa dimensión amorosa de la novela cae en los mismos defectos que el sistema: se toma demasiado en serio a sí mismo.

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