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Recien llegados

Imposible salir de una librería con las manos en los bolsillos, pero si estás en Tipos Infames ni lo intentes. Iba con idea de comprar Cuando se abrió la puerta…pero al final, sólo una fuerza sobrehumna me ha permitido salir  con tres libros

Cuando se abrio la puerta Cuando se abrió la puerta

Selección Marta Salís
Editorial Alba. Col. Maior
518 págs.
 
 

 

Antología de veinticinco relatos escritos entre 1882 y 1914 por escritos o protagonizados por nuevas mujeres. Termino con el que Sarah Grand se refería a esas mujeres que empezaban a rebelarse contra el papel de esposa y madre abnegadas que les había asignado la sociedad victoriana. Marta Salís hace una estupenda selección en la que podemos encontrar junto a escritoras casi desconocidas a otras de la talla de Edith Wharton, Willa Cather, Virgnia Wool o Katherine Mansfield,. Y también algunos hombres que defendían este cambio de rol o que hablaron de el como Thomas Hardy, Conan Doyle, Henry James o George Moore.

Una biblioteca de verano

Mary Ann Clark Bremer
Traducción: Hugo Bachelli
Editorial Periférica
86 págs.
 
 
 

 

No tenía referencia de la obra ni de la autora, me la descubrió una magnifica reseña de  La hierba roja. Espero disfrutarla tanto

Corre el año 1946. La guerra ha terminado y la joven norteamericana narradora de esta novela ha perdido en ella a sus padres. También, de muerte natural, ha perdido a su tío Marcel, un extraordinario personaje que la educó en el amor a los libros.
En el pequeño pueblo francés donde pasó los veranos de su infancia, la protagonista deberá ocuparse de poner en marcha una nueva biblioteca tras salir del hospital, ya que las tropas alemanas han destruido la anterior. Tendrá así oportunidad de pensar en el valor de la lectura y en la compañía que le han proporcionado los libros en los peores momentos, e incluso a la hora de tomar una u otra decisión… Sus recomendaciones a los vecinos del pueblo la harán formar parte fundamental de esa comunidad. Entretanto, el esplendor del verano invade la naturaleza de los alrededores y el jardín de la vieja casona que ha heredado de su tío.

Algún día este dolor te será útil

Peter Cameron
Traducción: Jordi Fibla
Libros del Asteroide
246 págs.
 
 
  

Este en realidad no es para mi, es un regalo, pero como se queda en casa y pienso leerlo, lo incluyo también entre los recién llegados. Tengo que reconocer que aunque no sean míos tengo cierto sentido de propiedad sobre todos los libros que hay en casa. Igual no es muy sano, pero es lo que hay.

James Sveck, el narrador de esta novela, es un adolescente inteligente y precoz, ha terminado el colegio y durante el verano trabaja en la galería de arte que su madre tiene en Manhattan y en la que casi nunca entra a nadie. Pese a haber sido admitido en la prestigiosa Universidad e Brown no está seguro de querer ir; lo que de verdad le gustaría es comprarse una casa en el campo y pasarse el día leyendo, sin ser molestado; detesta relacionarse con gente de su edad, a la que evita y con la que piensa que no tiene nada en común.

 

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La Señora Dalloway

650_H421937.jpgMrs. Dalloway inaugura la vanguardia

Virginia Woolf pertenece al selecto grupo de escritores que son más reconocidos que leídos, quizá porque el paso del tiempo les ha hado tal peso intelectual que han terminado  generando un cierto miedo reverencial. Pero  ¿quién puede decir que  no teme a Virginia Woolf? Seguramente no sean tantas las personas con la  valentía o las ganas suficientes para enfrentarse a una autora que nos exige un esfuerzo intelectual mayor que en otros casos, porque una lectura rápida  y descontextualizada nos ocultará una parte importante de su obra.

La Señora Dalloway relata unos hechos sencillos, casi triviales: un día en la vida de Clarissa Dalloway, una dama de la alta sociedad londinense. “Mediaba el mes de junio. La guerra había terminado. […] y por todas partes, pese a ser tan temprano, imperaba un ritmo, un movimiento de caballos al galope” cuando la Sra. Dalloway decide que, ella misma, va a salir a comprar la flores para la fiesta que daría en su casa esa misma noche. A lo largo del día la iremos siguiendo por las calles de Londres junto con otros personajes como Peter Walsh, un antiguo pretendiente que acaba de regresar de la India,  o Septimus Warren Smith, un joven soldado traumatizado por la guerra.

La excepcionalidad de la obra estriba no en lo que cuenta sino en cómo lo cuenta, en la elección de un punto de vista novedoso y vanguardista que no se había utilizado hasta el momento y con el que contribuye, de manera decisiva, al nacimiento  de la novela contemporánea. Han desaparecido el narrador omnisciente que todo lo sabe, los grandes temas, el protagonista absoluto que hace avanzar la trama y una concepción lineal del tiempo. Se da paso a la fragmentación del tiempo y del espacio, se multiplican los puntos de vista y se concede una importancia vital al lenguaje. De aquí en adelante, como dice Vázquez Montalbán “la verdad en literatura se debe al lenguaje, es una realidad interiorizada construida mediante palabras, artificios sintácticos y silencios, es decir, espacios en blanco[1]

A Woolf no le interesa contar la realidad sino interpretarla. Huye del realismo precedente, al que considera materialista por interesarse más por el cuerpo que por el espíritu.  En La Señora Dalloway sólo hay espíritu expresado a través del flujo de pensamientos, recuerdos e impresiones  de sus personajes. Solo a través de su mundo interior conocemos la realidad.

Con un lenguaje cargado de lirismo nos arrastra en los vaivenes del pensamiento, desde lo más profundo a lo más superficial de la mente de los personajes


[1] Citado por Aparicio Maydeu, J. en  “Lecturas de ficción contemporánea. De Kafka a Ishiguro” pág. 57 Edit. Cátedra, Madrid 2008

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