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Cáscara de nuez

Liarte con el hermano de tu marido y planear juntos su asesinato, aunque sea el padre del hijo que estás esperando, no es, desde luego, una historia original. Sin embargo McEwan consigue salir del camino de lo conocido cambiando, por completo, el punto de vista y la voz narrativa. Desde la primera página nos encontramos con un narrador inesperado, que es la a vez testigo y afectado directo, del complot que traman Trudy y Claude: el feto.
Este peculiar narrador permite transformar un thriller clásico en un medio para abordar la vida y cuestionarlo todo. Esa condición de estar presente en todo y, a la vez, en nada proporciona un espacio perfecto para la reflexión, que incorpora, además, una doble perspectiva: la inocencia de quién nunca ha experimentado, como ocurre en tantos libros protagonizados por personajes infantiles, y el conocimiento de quién si ha experimentado la vida adquirido por vía placentaria.
Un juego difícil que funciona y el que consigue hacernos entrar desde la primera página.

Autor: Ian McEwan

Editorial: Anagrama, 2017

Nº Págs.: 217

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La ley del menor

Después de un par de meses en los que nos hemos tenido que ganar cada palabra y cada historia con el sudor de nuestra frente, abril nos ha traído un libro de esos que se saborean lentamente. La ley del menor de Ian Mcewan es un libro que atrapa desde el principio y a las claras, sin artificios o trampas intrigantes, sino porque desde la sencillez (que no simpleza) del discurso narrativo nos plantea un dilema moral que no podemos eludir.
Un joven de diecisiete años padece leucemia y necesita una transfusión de sangre, pero tanto él como sus padres la rechazan por motivos religiosos. Si fuera mayor de edad, no cabría discusión: podría decidir morir, pero no lo es y el quipo que le atiende pide la intervención judicial. Esta es el problema, pero ¿y la solución? Mcewan nos lleva a reflexionar sobre ella y también sobre la consecuencias de las decisiones que tomamos (o nos toman, según el caso), sobre fe y razón, pero también sobre acción y emoción a través de la circunstancias personales que rodean a Fiona, la jueza que debe decidir sobre la transfusión.
La novela parece moverse también en una dualidad de narraciones: Adam, el joven enfermo, y Fiona, la jueza, casi como historia paralelas que sólo tangencialmente se tocan. Pero no es así, porque el miedo de la juventud y la certeza de la madurez, se confunden y se cruzan. Y además se mezclan los miedos y certezas de quienes les rodean y de una sociedad que sigue avanzando, si es que lo hace, a trompicones.

CONCLUSIONES DE LA TERTULIA

Lo que más nos ha gustado
La capacidad narrativa directa, casi clásica.
La forma en que las dos historias, la de Adam y la de Fiona, se unen.
Construcción de personajes reales y creíbles, haciendo que en la tertulia se hable de ellos como si existieran realmente.

Lo que menos nos ha gustado
Nada destacable.

 

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